Mundo Feliz.

mundo feliz

martes, 8 de mayo de 2018

Cuando era niña no pensaba en poseer, pensaba en jugar a morir en mi mundo feliz. No jugaba en las tinieblas, sólo en las escaleras, mucho menos me amarraba los pies al bailar.

De niña elegía ser de otra especie, no era de muchos universos, era de uno sólo, pero era una creación del día a día. Un equilibrio de fuerzas.

Elegía soñar cuando me hacían repetir como robot, fingiendo que escuchaba y creando historias paralelas; ayer, un abogado terco que suplió temporalmente a un artista no se atrevió a describir las razones de porque no le gusta el “Flat White” y sin embargo perdió un poco la calma, cuando yo me hubiera conformado con un “no sé”. Aun así, creo que lo hice reír.
Cuando era niña me intrigaba mucho la magia sin dejar de lado la ciencia, aunque la termodinámica y la aeronáutica no me han explicado como un beso de un ser de viento irónicamente me quemó las neuronas cuando un perro me arrastraba por la banqueta o como un abrazo de un ser de fuego me hizo volar más alto que los papalotes que se supone están diseñados para eso.

Cuando era niña tenía sueño, pero además tenía muchos sueños y si bien no quiero dormir tanto porque aprendí de un gran maestro de fotografía que usa sombreros y se disfraza (Véase más sobre la economía del tiempo, el lenguaje, como destrozar cabezas, café con cigarro y mezcal por la mañana y en cómo no ahorrar insomnio con tal de crear), hoy dormiré tranquila porque mi familia, la que yo elegí, me ayudo a recordar. *

Cuando era niña tenía mucho tiempo para los sentidos y los artistas se aprovecharon de eso, me dijeron que pasaría. Así que les hice caso.

La única clausula en sus mensajes era que por sobre cualquier cosa nunca dejara de soñar.

A veces no es fácil y uno vuelve a ser niña, por ejemplo, hoy mi jefe me dijo tan sólo dos palabras y me solté a llorar.

Pero al final del día sólo tuve que escucharme: Es imagen, es música y son letras. Lo tengo tatuado, lo tengo en mi cara, en mis dedos temblorosos, en mis pies que no se paran, en mis oídos que gritan, en mi boca que no calla. En los aullidos.

Era yo, gritando crear.

* P.D.“La Espiral y el Tiempo” de Luis Argudín es un gran libro y Claudia Gallegos, artista del agua que sólo con su nombre hizo temblar a más de cien, es un gran profeta del tiempo. Ellos, o desconocidos. Cualquiera puede serlo. Senseis de vida. Humanos. Creaciones. Arte.