Stalker: LA ZONA

stalker¿Te imaginas un día despertar, querer abrazarlo y al segundo y medio recordar la  desgastante discusión nocturna mientras que sabes que del otro lado del colchón hay alguien que seguramente está pensando en lo agradable que sería su vida sin tu desafinado llanto, que le hace recordar que él o ella es proporcionalmente igual de nefasto que tú?

La Zona, lugar nacido por la caída de un meteorito, lugar maldito pues todo aquel que entra seguramente no regresa. (1)

  • Existen los Stalkers, ellos conocen el camino “porque lo respetan” y su oficio es llevar a gente desesperada a La Habitación, lugar en donde encontrarán su verdadera felicidad.

Nota A1 al lector: Favor de llegar puntual a la cita en el bar que acordaron, son tres aristas de personaje, saben muy bien en que zona se mueven: Artista, Profesor o Stalker. De esta manera ser honesto, transparente y elegir cuidadosamente puede ser la receta te salvará, elige sabiamente.

El lugar está resguardado, así que además de todo el sufrimiento que llevas cargando, tendrás que defenderte de toda clase de peligros. Camina lentamente y cuando sea necesario corre con toda tu fuerza, tratando siempre de evitar los caminos en línea recta, pues justo eso es lo que la Zona demanda.

Nota A2 al lector: Se dice que en la Zona todo va cambiando pues jamás es estática. Te mueves con ella y ella decide cómo tratarte. Aprende a caminar en círculos. O no.

Es por esto que los Stalkers se dedican a llevar a personas desesperadas, que ya no saben qué hacer para ser felices, y les hacen saber que hay reglas, prohibiciones, velocidades y peligros no costeables.

¿Confías al 100% en el chofer de todas las mañanas, siendo desde un perfecto desconocido hasta tu propio reflejo en el retrovisor? ¿Te imaginas siendo tú el proyectado desnudo y, sin hablar de ropas, sólo escuchándote a ti mismo en lo más recóndito de tu alma?

Esta y otras muchas sensaciones surgirán en el recorrido de este filme, considerado como una de las mejores  películas en la historia de la humanidad.

Nota 3 al lector: Tal vez concentrarnos en el área es lo que nos ha perdido. Yo leí este filme teniendo en cuenta el perímetro y el volumen. Quizás ir en un vaivén sea el mayor de los errores, la mejor de las opciones, la más grande decepción o lo más cool del mundo. O no.

Ojalá que el área del triángulo se acomode en el tiempo y dejemos los números enteros de una vez por todas. Tal vez el camino recto no sea el problema completo, tal vez sólo nos da miedo abrir la puerta e ir a visitar nuestra propia habitación.

Director: Andréi Tarkovski

 

Isle of Dogs

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Ante un ambiente visual delicioso, lleno de referencias y alusiones a imágenes clásicas de la historia del arte y una atmósfera destruida muy al estilo “Wall-E” se encuentra un planteamiento de problema en Japón, donde el Teniente Kobayashi (en apariencia amante obsesivo de los gatos) arma una conspiración en la que los perros  se ven destinados a ser deportados a una isla llena de basura y desechos tóxicos, con el pretexto de haber contraído enfermedades que podrían ser un riesgo sanitario para toda la humanidad.

Esta isla es diseñada para que eventualmente la raza canina desaparezca, de esta manera los gatos suplantarían a los perros como animales de compañía, razón por la cual los perros no tienen más opción que organizarse en jaurías como medio de supervivencia.

El equipo canino protagonista está conformado por perros que anteriormente tenían una buena vida con sus respectivos amos, llena de comodidades y amor… todos menos Chief (Bryan Cranston), un perro callejero que parece no haber podido encajar ni en la sociedad ni en la vida misma.

Este grupo de perros, dentro de su miserable y riesgosa cotidianeidad vislumbran un buen día la caída de una avioneta hurtada por el mismísimo sobrino del teniente Kobayashi (Atari), un pequeño jovencito que robó el vehículo para ir en busca de Spots, su perro guardián, deportado  también a este lugar con olor a muerte.

Y es esta la trama de una gran aventura con una convivencia entre los personajes que en inicio resulta compleja, pero que conforme pasan los minutos va fluyendo y engranándose bajo la lucha conjunta por ya no sólo sobrevivir individualmente. Unión en donde jóvenes y perros, todos igual de importantes luchan con garras y dedos ante la separación de amor que unos pocos se empeñaron en destruir.

La película es animada pero no es precisamente creada para un público infantil al igual que otros filmes de Wes Anderson. En poco más de hora y media disfrutarán de una aventura cómica pero también se enfrentarán ante problemas y cuestionamientos de índole introspectiva, degustando agriamente cosas que solemos olvidar.

Se encontrarán con mucho honor y amistad, moronas que actualmente están vagando como dientes de león ante una individualidad egoísta que ha olvidado cosas muy básicas y sin embargo no terminan de borrarse, pues muchas veces sólo están enterradas y aparentemente nubladas, como el amor.

La promesse de l’aube

event_cinema-la-promesse-de-l-aube_181981Algunas veces los ojos tienden a cerrarse ante la calma que me brinda una sala oscura de cine, otras veces mi vejiga, después de mucho líquido, ordena levantarme y perderme pedacitos de historia que no deberían de valer más que mi propia salud. En esta ocasión, no hubo obstáculo alguno que me levantara del asiento, incluso cuando las lágrimas jodieron mi muy costumbrista delineado cuasi perfecto. Todo gracias a esta grandiosa película dirigida por Eric Barbier.

“Que se me paren los pulsos si te dejo de querer”*,  frase de Joaquín Sabina que sólo una vez he escrito en un papel, frase que se queda tatuada en el corazón y que nunca muere, como el verdadero amor.

A veces creo que lo único que quiero conservar son las letras del ayer, son aún más valiosas que el producto de un Click depositado en papel fotográfico o en archivo digital. Las letras y la tinta quedan irrigadas en vasos sanguíneos y provocan que hasta el más enfermo corazón vibre y reviva.

Justo así empieza esta historia, con un cuarto regado de papeles con tinta provenientes de Roman Kacew (Pierre Niney), escritor polaco que alega su supuesta muerte venidera y exige a su novia a que regresen a la Ciudad de México para concluir su tiempo en un espacio digno de verlo partir.

Camino de vuelta, su novia (Lesley) logra convencer al protagonista que esas letras le sean compartidas, letras que conforman el manuscrito completo de la historia de un verdadero artista. Letras escupidas con una dolencia que no se exagera en ningún momento, conjunto de pedazos de carne crudos y sangrientos, firma de vida, tesoro que vale la pena ir a ver en pantalla grande.

No hay mayor satisfacción para Nina Kacew (Charlotte Gainsbourg) que su único hijo Polaco se convierta en el gran embajador artista Francés, obsesión enfermiza, agobiante, masoquista pero leal hasta la muerte. Ser el gran hombre que sólo cambiará sus principios por honor, por una mujer o por Francia. Su hijo, interpretado por diferentes actores a lo largo de la película, atraviesa obstáculos como cualquier otro ser humano pero atendidos, vigilados y ordenados por su amada madre, actriz frustrada que ante cualquier impedimento sólo quiere que su hijo sea irrompible… rompiéndolo.

Así funciona la escritura, pues invariablemente de lo que suceda en el día a día muchas veces y “al final de los finales” sólo nos restan esas 250 cartas que alguien escribió y nunca entregó o quizás una gran novela que te hará trascender antes o después de morir.

En este caso esta frase anterior de Sabina* la aludo  a esta maravillosa película con un enfoque de madre e hijo, pedazos inyectados en las venas, en aliento y gritos, en juntos pero separados y a contracorriente, como sea pero perfectamente alineados.

Todo esto en su máximo esfuerzo, doliendo hasta el último minuto, cambiando el rumbo, vengándose de lo injusto, rompiendo todo para tallar sus imperfecciones, para concluir el gran plan: la vida misma.