La promesse de l’aube

event_cinema-la-promesse-de-l-aube_181981Algunas veces los ojos tienden a cerrarse ante la calma que me brinda una sala oscura de cine, otras veces mi vejiga, después de mucho líquido, ordena levantarme y perderme pedacitos de historia que no deberían de valer más que mi propia salud. En esta ocasión, no hubo obstáculo alguno que me levantara del asiento, incluso cuando las lágrimas jodieron mi muy costumbrista delineado cuasi perfecto. Todo gracias a esta grandiosa película dirigida por Eric Barbier.

“Que se me paren los pulsos si te dejo de querer”*,  frase de Joaquín Sabina que sólo una vez he escrito en un papel, frase que se queda tatuada en el corazón y que nunca muere, como el verdadero amor.

A veces creo que lo único que quiero conservar son las letras del ayer, son aún más valiosas que el producto de un Click depositado en papel fotográfico o en archivo digital. Las letras y la tinta quedan irrigadas en vasos sanguíneos y provocan que hasta el más enfermo corazón vibre y reviva.

Justo así empieza esta historia, con un cuarto regado de papeles con tinta provenientes de Roman Kacew (Pierre Niney), escritor polaco que alega su supuesta muerte venidera y exige a su novia a que regresen a la Ciudad de México para concluir su tiempo en un espacio digno de verlo partir.

Camino de vuelta, su novia (Lesley) logra convencer al protagonista que esas letras le sean compartidas, letras que conforman el manuscrito completo de la historia de un verdadero artista. Letras escupidas con una dolencia que no se exagera en ningún momento, conjunto de pedazos de carne crudos y sangrientos, firma de vida, tesoro que vale la pena ir a ver en pantalla grande.

No hay mayor satisfacción para Nina Kacew (Charlotte Gainsbourg) que su único hijo Polaco se convierta en el gran embajador artista Francés, obsesión enfermiza, agobiante, masoquista pero leal hasta la muerte. Ser el gran hombre que sólo cambiará sus principios por honor, por una mujer o por Francia. Su hijo, interpretado por diferentes actores a lo largo de la película, atraviesa obstáculos como cualquier otro ser humano pero atendidos, vigilados y ordenados por su amada madre, actriz frustrada que ante cualquier impedimento sólo quiere que su hijo sea irrompible… rompiéndolo.

Así funciona la escritura, pues invariablemente de lo que suceda en el día a día muchas veces y “al final de los finales” sólo nos restan esas 250 cartas que alguien escribió y nunca entregó o quizás una gran novela que te hará trascender antes o después de morir.

En este caso esta frase anterior de Sabina* la aludo  a esta maravillosa película con un enfoque de madre e hijo, pedazos inyectados en las venas, en aliento y gritos, en juntos pero separados y a contracorriente, como sea pero perfectamente alineados.

Todo esto en su máximo esfuerzo, doliendo hasta el último minuto, cambiando el rumbo, vengándose de lo injusto, rompiendo todo para tallar sus imperfecciones, para concluir el gran plan: la vida misma.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s